En las últimas semanas, Medio Oriente ha entrado nuevamente en una fase de alta tensión debido al conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. La escalada militar comenzó el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel realizaron ataques contra instalaciones iraníes, lo que provocó una respuesta militar por parte de Irán y amplió el conflicto en la región. Esta confrontación ha tenido repercusiones inmediatas en los mercados energéticos y en el comercio marítimo internacional. Uno de los puntos más sensibles de esta crisis es el estrecho de Ormuz, que actualmente se encuentra cerrado de facto debido al riesgo militar y a los ataques contra buques petroleros, lo que ha provocado una fuerte caída en el tránsito de embarcaciones.
El impacto en los mercados energéticos ha sido casi inmediato. Antes del inicio de la ofensiva, el precio del petróleo Brent se encontraba alrededor de 72.29 dólares por barril el 27 de febrero, mientras que para el 9 de marzo el precio alcanzó los 109.18 dólares por barril en su punto máximo, descendiendo horas después a aproximadamente 83.20 dólares por barril, reflejando el aumento en la incertidumbre sobre el suministro energético global. Este incremento en los precios del petróleo responde principalmente al temor de que el conflicto afecte uno de los corredores energéticos más importantes del planeta.
El estrecho de Ormuz es un paso marítimo estratégico situado entre Irán, al norte, y Omán y los Emiratos Árabes Unidos, al sur. Este estrecho conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y posteriormente con el océano Índico, convirtiéndose en la principal vía de salida para el petróleo producido en la región del Golfo.

Fuente: Google Maps
Aunque su tamaño geográfico es relativamente reducido, su importancia para la economía mundial es enorme. En su punto más angosto, el estrecho tiene aproximadamente 34 kilómetros de ancho, lo que lo convierte en uno de los principales puntos críticos o cuellos de botella del comercio marítimo global de energía.
A través de este corredor marítimo transitan buques petroleros que transportan crudo desde algunos de los mayores productores de petróleo del mundo, como Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, hacia los mercados internacionales. Gran parte de este petróleo se dirige principalmente a Asia, donde países como China, India, Japón y Corea del Sur dependen en gran medida de estas importaciones para abastecer sus economías.
La importancia del estrecho de Ormuz radica en que concentra una proporción enorme del comercio energético mundial. Según la agencia internacional de noticias DW, aproximadamente el 20 % del petróleo que se comercializa en el mundo transita por este estrecho. Esto significa que cerca de una quinta parte del suministro petrolero global depende de que esta ruta marítima permanezca abierta y segura.
Debido a esta dependencia, cualquier interrupción en el tránsito marítimo puede generar impactos inmediatos en los mercados internacionales. Cuando el flujo de petróleo se ve amenazado o restringido, los precios del crudo tienden a aumentar rápidamente debido al temor de escasez. De hecho, diversos análisis señalan que una interrupción prolongada en el estrecho podría provocar aumentos mucho mayores en los precios del petróleo y generar presiones inflacionarias en múltiples economías.
En este contexto, el estrecho de Ormuz no es simplemente un paso marítimo regional, sino una infraestructura estratégica para la economía global. Su estabilidad es fundamental para el funcionamiento de la cadena de suministro energética mundial. Por esta razón, cada vez que surge una crisis en Medio Oriente, el estrecho vuelve a convertirse en uno de los puntos geopolíticos más observados por gobiernos, mercados financieros y empresas energéticas de todo el mundo.